Caen racimos de bombas hidrogenadas
en la escalera de los mudos
tras gritos de maniquíes llorosos
que desconocen la libertad de Ariel.
Yo les miro condescendiente:
soy suma de Sigur Ros,
resta de catenarias publicitarias,
multiplicación de vocales concatenadas,
división de controversias ignorantes.
Miro a la pantalla:
paisajes de terciopelo humano,
ánimas salvajes mojadas por el rocío,
océanos solitarios conversando con el interrogante,
susurros indignados en busca del exorcismo.
Me miro. Mi cuerpo:
cabeza quiebra paredes inconclusas,
ojos divisan eclipses económicos,
oídos escuchan apatías conformistas,
boca come ostias da Morte,
piel suda derechos infrahumanos,
corazón late corralitos rosas,
pulmón expira polietileno rotomoldeado,
brazos embarran residuos radiactivos con marihuana,
manos cubren de cemento tímpanos y bosques,
piernas corren maratones para Goldman Sachs,
pies marcan ritmos para cíclopes empedernidos,
y el resto,
alaba el armisticio con mi cordura.
Miro...
Miro,
miro,
miro,
pero no actúo.
Respiro,
rompo cristales
y lloro,
lloro,
lloro.
Las peripecias de un caminante, aprendiendo de las letras y las vivencias, ilusionándose por la creatividad intrínseca del ser humano y descubriendo la belleza de la poesía entre ontologías de comportamientos.
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viernes, septiembre 28, 2012
jueves, abril 05, 2007
Ángeles azules
Como a la señora que esta mañana esperando el bus, me encontré en la parada. Estaba allí, resguardándose de la fría y húmeda mañana, esperando a un autobús que no sabía cuando pasaría. Y en 2 minutos creó un espacio de compañía. No creo que la vuelva a ver, pero sólo lo que logró conseguir, merece la pena para que la tenga en mi recuerdo.
En un día lluvioso donde la gente se resguarda ante sus paraguas de complejos, me alegra sentir que el sentimiento altruista de la humanidad se mantiene en el corazón de los ángeles azules.
viernes, octubre 20, 2006
Lluvia en la ciudad
Cae la lluvia en la ciudad. Finas gotas intermitentes convierten al suelo en espejo. Se transforma el panorama y el tranvía se vacía.
Los paraguas vuelven a escena, y como elementos inhabituales que son, resultan incómodos para todo el mundo.
Un mundo que aunque feliz, paraliza sus actividades en la calle. Ahí se demuestra que somos un país de sol. Todo gira en torno al buen tiempo. Pero, ¿de qué manera buen tiempo? De manera que, qué manera de,...
Y así, en días como estos, nuestra filosofía de vida, se detiene. Las hojas empapadas del otoño obstaculizan los raíles. Las obras, tanto faraónicas como banales, se detienen. El mercado de los jueves queda desmontado. Las goteras aparecen en cualquier edificación; y la calle, ya desierta, reclama atención.
Ahora, el cielo se va destapando. Tímidamente va apareciendo el sol.
El fantasma de la lluvia ha desaparecido.
Los paraguas vuelven a escena, y como elementos inhabituales que son, resultan incómodos para todo el mundo.
Un mundo que aunque feliz, paraliza sus actividades en la calle. Ahí se demuestra que somos un país de sol. Todo gira en torno al buen tiempo. Pero, ¿de qué manera buen tiempo? De manera que, qué manera de,...
Y así, en días como estos, nuestra filosofía de vida, se detiene. Las hojas empapadas del otoño obstaculizan los raíles. Las obras, tanto faraónicas como banales, se detienen. El mercado de los jueves queda desmontado. Las goteras aparecen en cualquier edificación; y la calle, ya desierta, reclama atención.
Ahora, el cielo se va destapando. Tímidamente va apareciendo el sol.
El fantasma de la lluvia ha desaparecido.
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